12 sept. 2012

POR FIN.....


A los pocos días de llegar a Australia, hace ya seis vertiginosos meses, compré la guía de aves del país y comencé a ponerle nombre a las especies que veía. Todavía recuerdo la emoción de encontrar la descripción de la vigorosa Urraca Australiana. Es tan común que ahora casi no le presto atención, sin embargo en los primeros días era tan novedosa como la más esquiva de las especies del continente.

Así poco a poco, a veces en jornadas increíbles en las que cada arbusto te sorprendía, he ido conociendo la fauna alada de esta parte del país y del norte, durante las tres semanas que estuve allí. Han pasado por las lentes de mis prismáticos garzas, rapaces, patos, cacatúas y muchas aves más que sería muy largo exponer aquí.

Todo esto viene a cuento de que, entre todas las especies que la guía me indicaba que habitaban la costa oeste, había una que me picaba la curiosidad observar. Me llamaba la atención su tremendo pico, su expresión, el tamaño... 

Me refiero a la Pacific Gull, una gaviota mayor que las gaviotas medianas como la patiamarilla (la más común de Canarias), la Sombría, la Argéntea y otras de la misma talla, con una fisonomía bastante parecida pero, en comparación, con un pico tremendamente robusto.

Tratándose de un ave costera, debía ser fácil de observar.

Pero pasaban los meses y no había manera de avistarla. Por todos lados podía ver a la Silver Gull pero ésta se resistía. Los libros decían que estaba en la zona, pero por más que visitaba zonas de costa no aparecía.

Llegué a ver alcatraces, pagazas, charranes y limícolas, incluso a vislumbrar al albatros a lo lejos pero la Pacific Gull estaba desaparecida.

Un día llegó Alfonso, un amigo de España que venía viajando desde hacía un tiempo por las islas del Pacífico Sur y decidió hacer una escala en Perth. Con él y otra amiga, nos fuimos circulando hacia el norte, avanzando lentamente porque parábamos en cada lugar que nos llamaba la atención o como no, prometía la observación de alguna especie nueva.

Con Alfonso Molera, mi eterna camisa graciosera
y el Toyota Starlet con el que me muevo desde que volví a Perth.

Pues bien, en una de estas paradas, nos acercamos a una preciosa lengua de mar que con tonos turquesas y esmeraldas serpenteaba hacia el interior formando meandros muy atractivos.

Era el estuario de Moore River. Me animó que el día estaba ventoso. En esos días, las aves costeras suelen buscar refugio en tierra y son más fáciles de observar. Y dicho y hecho, cuando enfoqué los prismáticos, allí estaban dos fantásticas Pacific Gulls, con un plumaje bastante cercano al adulto, pero todavía con manchas en cabeza y cuello y el manto moteado de pardo.

Estaban paradas en la orilla con las patas dentro del agua, donde la transparencia dejaba que predominara el color de la arena, pero justo detrás de ellas, la profundidad aumentaba bruscamente y el ocre pálido daba lugar a una mezcla de azules y verdes en los que las cabezas blancas destacaban perfectamente.

Desde ese momento supe que le haría una lámina.

Y aquí está.

Pacific Gull (acuarela sobre papel AS de 210 grs.)

Espero que les guste.

Un saludo.

Fran Torrents



4 sept. 2012

A LO LEJOS, SE AVISTA LA PRIMAVERA...


Se me hace extraño razonar que terminando agosto empiece la primavera, que los pájaros lleven dos semanas como locos previendo la mejora del tiempo y que las últimas tormentas del invierno me tengan metido en casa abrigado hasta las cejas. Y es que las estaciones, en esta zona de Australia son absolutamente contrarias a las que se desarrollan en Europa, mientras aquí impera el frío invernal, en España todo el mundo en la playa y viceversa.

Todo esto viene porque estas últimas semanas han comenzado a subir las temperaturas, aunque en este momento, estemos sumidos en una violenta tormenta de lluvia y viento que arranca las ramas de los eucaliptos como si una leve brisa levantara en el aire servilletas de papel. Aún así, la cosa no llega a mayores y la vida continúa.

Las primeras en prever la llegada del buen tiempo fueron las Silver Gulls, la gaviota más común y confianzuda que he visto nunca. Hace semanas ya que sus esponjosos pollos daban sus primeros pasos en el antiguo muelle de madera de Fremantle.

Me llama la atención que un país tan grande tan solo posea tres especies de gaviotas nidificantes. Sobretodo cuando no es un continente aislado, ya que tiene conexión directa con el sur de Asia y el intercambio de especies tiene que ser bastante factible. Cosas de la naturaleza que a veces cuesta comprender.

Lo que está claro es que este es el continente de los loros. Si recuerdan lo que contaba sobre las cacatúas en una de las entradas que publiqué desde Darwin, ahora tengo que decir que el espectáculo no cesa, al contrario, cada salida de campo, cada rincón que se me ocurre recorrer me muestra nuevas especies de loros o afines, a cada cual más colorida. Hace unos días hice un pequeño recorrido por el Parque Nacional de Korung, al este de Perth. Un paseo de un par de horas que se convirtió en un maravilloso día de pajareo que me dio la oportunidad de observar la Western Rosella, un loro de afilada cola con el cuerpo rojo carmesí que se vuelve bermellón cuando el sol lo alcanza. La cola es verde y, entre medio, un sinfín de tonalidades que van desde el azul añil hasta el amarillo limón. No me canso de mirar a estos bichos.

Evidentemente, no es la Western Rosella que comento en el texto.
Esta es una de las Corella, hay tres especies muy similares y
ni la guía ni los mapas de distribución ayudan a identificarla.

En este paseo también hice un par de interesantes observaciones de pequeños pájaros, los más esquivos y los que siempre se me quedan los últimos por identificar. Pero de éstos hablaré en la próxima entrada, cuando termine la ilustración que estoy haciendo.

Si bien cada vez es más difícil descubrir especies nuevas (debo andar cerca de 150 especies identificadas) ahora cada especie nueva es un descubrimiento valioso que se saborea si cabe, más que las primeras que aparecían a trompicones como diciendo “apúntame que no me has visto”.

Estaba claro que al principio sería así, un territorio nuevo, nuevas especies, familias, pero ahora que empiezas a reconocer el canto de los más comunes y los hábitats se van perfilando claros, comenzará la llegada de las aves migratorias, y se renovará una vez más el ancestral intercambio de territorios, recursos y refugio que las aves llevan realizando quién sabe cuántos años…

Les dejo unos bocetos de canguro que dibujé el otro día con lápiz







Saludos

Fran Torrents