13/4/2014

NEPAL I: Katmandú



Las sorpresas si ocurren en un país como Nepal son aún más sorprendentes. Como no acostumbro a preparar demasiado los viajes (apenas me preocupo por saber las condiciones del visado, buscar algunos parques nacionales o lugares donde puedas observar la naturaleza y las aves peculiares del país y poco más) cuando llego todo huele a descubrimiento.

TODO ES DE COLOR
o al menos se intenta.
Me encanta esa sensación de encontrarte con una ciudad como Katmandú sin haber previsto el caos increíble que rueda por sus estrechas y polvorientas calles, sin haberte preparado para sumergirte en esa marea de pitazos y giros bruscos en la que se desenvuelve la vida normal de esta ciudad y, en la que, sin embargo, no parece que nunca llegue a desencadenarse una situación preocupante. Sus habitantes han crecido en ese caos y se manejan en él como lo podemos hacer nosotros en nuestras ordenadas  ciudades. Así, a los dos días de caminar entre los nepalíes, te olvidas de los retrovisores que te pasan a dos centímetros del brazo, de los pitidos a la espalda y te dejas llevar por la marea de gente, bicicletas, motocicletas y coches que se mueve en todas direcciones sin que norma alguna dirija ese sinfín de itinerarios imprevisibles.

HAY SITIO PARA TODOS,
pero no intenten ordenarlo, solo hay que dejarse llevar y funciona.

PAPEL HIGIÉNICO MARCA ACME
Es lo que tiene la sencillez :)

En este país humilde, impera la tranquilidad y la sonrisa fácil, y las miradas desprenden un halo de dignidad que se extiende por dondequiera que vayas. Humildad y dignidad son los sentimientos que me acompañarán durante todo el viaje, tanto en la ciudad como en los pequeños pueblos tibetanos que visitaremos en el trekking hacia Langtang. Y una vez más, me siento un aprendiz, abro los ojos e intento asimilar la esencia y la belleza que se esconden en la sencillez de la vida nepalí. La sonrisa de la mujer que de repente ve invadido su pequeño “restaurante” local, que no habla una palabra de inglés y con la que solamente sabemos compartir un “namaste”(hola), y que sin embargo nos prepara sus noddles con toda la delicadeza del mundo, mientras una señora mayor duerme con un niño tras la siguiente mesa, en una cama disimulada en la esquina de la estancia. Una pareja de trabajadores nos mira y se ríe desde esa mesa, tal vez preguntándose, quiénes serán estos tipos raros que en vez de irse a un buen restaurante se meten en este cuchitril.

Ya habrá tiempo de ir a comer a sitios más modernos y preparados, pero no los cambio por el rato que pasamos allí. Ver cómo poco a poco la mujer se va sintiendo cómoda con nosotros y comienzan a rellenar momos (comida típica que no te puedes perder en Nepal) que devoraremos en cuestión de minutos, mientras afuera el tráfico se va ralentizando poco a poco.

ANTES MUERTA QUE SENCILLA,
las mártires de la moda.
Al salir,el cielo aparece recortado por miles de cables eléctricos que brotan de cada poste. Lo primero que piensas es, ¡cómo no va a haber cortes de luz! Me compadezco de los electricistas nepalíes aunque seguramente, igual que pasa con el tráfico, conocerán una fórmula mágica para resolver el laberinto que se esconde entre tanto rollo de cable acumulado. Por un momento la imaginación se me dispara y me imagino que Spiderman ha estado practicando con sus telarañas en esta ciudad.

SPIDERMAN STREET

En fin, Katmandú está ahí, esperando tu visita, invitándote a que te pierdas entre sus callejuelas y te dejes invadir por la sensación de que todo, pase lo que pase, va bien.


Próxima entrada NEPAL II: ¿El Tíbet en Nepal?

13/10/2013

Tan cerca y tan lejos, al fin Asia.


Un año y medio después de comenzar mi aventura australiana, algunas cosas continúan sorprendiéndome. Los que han seguido este blog desde el principio, recordarán aquella información que me diera una señora, acerca de la disminución de la población de cisnes negros que ella había percibido desde su niñez hasta la actualidad, drástica según me decía. En los tapices del Museo de la Marina de Fremantle, aparece la desembocadura de Swan River bordeada de carrizos y con multitud de cisnes salpicando ambas riberas, donde hoy se asientan el puerto industrial y los muelles deportivos.

Siempre ha pasado así. La colonización de un espacio por el ser humano y el proceso que les acompaña, incluyen la transformación del paisaje y el desplazamiento de las especies originales hacia zonas menos favorables.

Pues bien, en estas últimas semanas, se ha producido un hecho que aún me tiene emocionado. Repentinamente, a la vez que este largo invierno que se resiste aún a desaparecer, iba cediendo sus bajas temperaturas a la inminente primavera y el viento se suavizaba, los lagos y el río se han llenado de cisnes. Si hasta ahora había podido observar grupos de treinta o cuarenta ejemplares, ahora puedo contar cien sin esfuerzo, y muchos más. Y es realmente impresionante, seguir la línea de agua con los prismáticos y no parar de encontrar grupos, uno detrás de otro, unos lejanos, otros más cerca, cisnes por doquier.

Y por fin, he perdido aquel prejuicio que tenía con este bello animal, el hecho de recordarlo siempre como un ave de parques y zoológicos, una figura típica de espacios humanizados. Por fin, el cisne se me muestra en todo su esplendor, como el animal salvaje que es, esquivo y digno, esbelto y hermoso como pocos pueden presumir.

Pero tras este año y medio también he tenido la oportunidad de pisar el quinto continente. Después de visitar América, África y Australia, viviendo como lo hacía en Europa, me faltaba visitar el exótico continente asiático. Y por fin, el pasado mes de septiembre di mis primeros pasos en Indonesia, en la Isla de Bali. Como primer contacto estuvo muy interesante, aunque tengo que reconocer que también me supuso una mediana decepción. Bali, en algunos aspectos, ha sucumbido ante el implacable yugo turístico y ofrece numerosas opciones para disfrutar de la costa desde la confortable piscina de un resort, a pie de playa pero ha sacrificado buena parte de su patrimonio natural en pos de ese modelo que tan bien conocemos. De esa manera y, una vez más, la costa vuelve a estar monopolizada y el paisaje está dominado por la mirada inquisitiva de los vigilantes para que nadie se cuele en los pequeños paraísos postizos, en los que los turistas se encierran.

Como fuera que no estaba interesado en ponerme moreno, partí hacia el interior. Después de pasar dos días en Ubud, el pueblo artístico por excelencia, repleto de tiendas donde venden todo tipo de tapices, cuadros y figuras. Allí pateé entre campos de arroz y tuve la suerte de ver un varano y añadir algunas especies de nuevas observaciones de aves. Pero en general, Bali me pareció un lugar pobre en avifauna, especialmente para un lugar con un clima húmedo, altas temperaturas y mucha agua, donde además están todo el día dejando ofrendas con arroz por todas partes, por lo que debería haber un buen número de especies oportunistas aprovechando ese recurso.

Ofrendas en la acera de Ubud.

En las plantaciones de café del interior, te ofrecen rutas guiadas para conocer los entresijos de ese cultivo. Los guías, al final, te ofrecen una degustación de varios tipos de café desde café de vainilla hasta una variedad hecha con cacao. Luego puedes comprar el producto en la pequeña tienda de la plantación.


En este caso, mis prismáticos hicieron las delicias de los guías,
que en lugar de observar aves, intentaron observar a las mujeres en el río.
DIFERENCIAS CULTURALES: 0 - CUTRERÍO VARONIL 1.

Después de Ubud, partí hacia Munduk, en el corazón de la isla, a donde llegas por una carretera estrecha y zigzagueante que a veces adquiere tal inclinación que te hace apreciar la pericia de los conductores balineses. En Munduk pude realizar un par de caminatas bastante interesantes, la mejor fue la que nos llevó cruzando la selva al lago Tamblingan, el cual cruzamos (me acompañaba el biólogo holandés que fácilmente podrán identificar en la foto) a la vuelta en una canoa de doble cuerpo unidos por una pequeña plataforma de madera, justo cuando el sol caía tras la montaña y el agua parecía un espejo. Me encantó especialmente la disposición del grupo de guías del paraje. 




Camino de vuelta a través del lago. Moduk y el barquero.

Moduk, la chica de la foto, fue nuestra guía. Cuando me dijo que había aprendido inglés con un diccionario y hablando con la gente no pude más que quitarme el sombrero ante un maravilloso ejemplo de tesón y superación. Su trabajo fue una buena muestra de cómo la interpretación guiada puede mostrarte mil aspectos de un lugar que hubiesen pasado desapercibidos de haber caminado solo. Desde la humildad de un colectivo de guías que prácticamente apenas cuenta con medios para hacer su trabajo, su dedicación y disposición son un ejemplo para todos aquellos que se dedican o nos hemos dedicado a la interpretación en la naturaleza.

Guías del Lago Tamblingan.

Otra de las cosas que te llama la atención en Bali, es la profunda religiosidad de sus habitantes. Al menos dos veces al día, salen a la calle portando una especie de recipientes de hoja de palma o algo parecido, en el que han depositado flores y arroz principalmente, que colocarán en el suelo frente a la casa, o en alguno de los altares que encuentras en prácticamente cualquier lado. Eso provoca que si vas con los prismáticos mirando hacia el cielo en busca de pájaros, acabes dándole patadas a más de una ofrenda. Según la población local, eso es signo de mala suerte, pero sinceramente, creo que todos los habitantes o visitantes de Bali, han pateado al menos una vez una ofrenda o sea que si fuera verdad, la mala suerte estaría institucionalizada. Es prácticamente imposible no hacerlo. De resto, la religiosidad se muestra en forma de templos, en los que destacan las esculturas de ojos saltones y con forma de todo tipo de animal. 


Pero en realidad, los templos son patios vacíos con losmuros decorados y templetes interiores, con aspecto bastante desolador y apariencia de abandono. Es curioso que, si quieres acceder al interior, te coloquen una falda o al menos un fajín en la cintura, por motivos de respeto y esas cosas que nunca he entendido de las religiones.

Con Oka un joven emprendedor de Munduk, de camino a Lovina en el norte de la isla.

Aparte de lo comentado, la vida sucede caótica entre ofrendas y motocicletas. Diría sin mucho temora equivocarme, que son la combinación perfecta para definir Bali. Las calles y carreteras estrechas han convertido la motocicleta en el mejor medio de transporte, y no es raro ver a alguien con una caña de bambú de unos ocho metros de largo (seguro que me quedo corto) conduciendo por las sinuosas e inclinadas carreteras del interior, con una mano en el manillar y la otra en el hombro agarrando la larga vara. Por lo demás, todos los conductores parecen saber cuando tienen que ceder el paso y cuando pasar, al margen de la señalización que parece estar solamente a título orientativo. Y los altares están diseminados a lo largo y ancho de la geografía insular, encontrándotelos en los sitios más insospechados.

Con los dos símbolos más típicos de Bali, el altar y la motocicleta.

De vuelta a Perth, en los periódicos comienzan a aparecer las noticias sobre las primeras serpientes de la temporada, lo que me anima a esperar descubrir alguna nueva especie. 

Ya les contaré cuando ocurra.

Saludos. 

27/11/2012

IR A POR CANGUROS Y.... / GOING FOR KANGAROOS AND..


El verano se va acercando poco a poco, entre días nublados y otros que amenazan con derretirte si te quedas mucho tiempo al sol. Nubes violáceas se apoderan del cielo y oscurecen la actividad de la ciudad, derraman toneladas de granizos y desaparecen con la misma velocidad con que vinieron.

Mientras, los muelles de Western Australia van recibiendo descomunales piezas de maquinaria y vehículos destinados a la industria minera. Sobre los contenedores de mercancía, asoman inmensos neumáticos de varios metros de altura; los carriles de las autopistas son bloqueados por enormes piezas de maquinaria que ruedan lentamente hacia la inmensidad de la Australia interior, en camiones adaptados para la ocasión. Oversize es una palabra que lees continuamente en las carreteras, referida a estas moles rodantes que ralentizan el tráfico antes de perderse en una nube de polvo rojo camino de las entrañas de la tierra.

A la vez que esto sucede, multitud de seres de talla radicalmente opuesta, inician su actividad después del ciclo invernal. Reptiles e insectos hacen aparición en la vida cotidiana. Las serpientes reptan entre los matorrales, cruzan los caminos de arena que llevan a la playa y se dejan ver en los parques, entre ciclistas, parejas que pasean y deportistas que no ponen atención al furtivo movimiento entre las hebras de césped.

El gran momento ha llegado, y si, para estos animales significa el período de mayor actividad del año, para mí es una gran oportunidad de observar seres que jamás imaginé tener delante.

Como es el caso de uno de los insectos emblemáticos de Australia: Red Back. Es una araña de la familia de las viudas negras y de peligrosa picadura, que puedes encontrar en el marco de la puerta de la casa, en la terraza o en cualquier rincón donde pueda establecer su red de acecho. En este caso estaba en una de las sillas de la terraza, con su brochazo rojo en el dorso (de ahí el nombre) como avisando de su peligrosidad.

Red Back

Cambiando de tercio... (un poco al menos).

Hace meses, estuve en Yanchep, un Parque Nacional al norte de Perth. Es un buen sitio para dibujar canguros, pero son tan confiados que no representan una experiencia como cuando observas una especie en su hábitat.

En esta ocasión he vuelto a Yanchep pero mucho más al norte, alejado de la zona turística, donde la carretera se anima a ascender y asoma frente a un sugerente valle poblado de eucaliptos, banksias y otros árboles que todavía no he conseguido conocer. Mi buena amiga Gabriela Petrovajova, no había visto los canguros y, aunque en primera instancia íbamos a ver los del Parque, decidimos intentar verlos donde no parecieran animales de zoológico.

Fue una gran decisión. Aparte de descubrir una especie de cuco que no había observado aún, la tarde nos deparó un inesperado encuentro.

Los canguros aparecieron pronto, a lo lejos al principio, pero logramos acercarnos lo suficiente para sacar algunas fotos y observarlos perfectamente con los prismáticos. Pequeños grupos de Grey Western Kangaroo trotaban entre los claros del bosque como duendecillos saltarines que jugasen al escondite con nosotros. Los pequeños, más nerviosos, iniciaban repentinas carreras que duraban unas pocas decenas de metros pero que servían para disfrutar de esa peculiar forma de correr que tienen, como si un poderoso muelle los elevase sobre sus patas traseras sin aparente esfuerzo por parte del animal. 

Viéndolos correr, no te parece estar viendo a un mamífero, te da la sensación de observar a un animal arcaico, una forma de vida que no ha seguido el curso evolutivo con el resto.

En esas estábamos, acercándonos despacio e intentando no seguir una ruta directa hacia ellos, cuando nos adentramos en una zona de tocones de árbol, alrededor de los cuales se acumulaban restos de ramas y hojarasca. La tonalidad general era un precioso ocre que con el devenir de la tarde se iba tostando lentamente, las pocas briznas de verde quedaban apagadas entre el esplendor de los amarillos y los tonos tierra. Entonces, de entre esa paleta terrosa, iniciando una retirada discreta, despacio y sinuosa, una hermosa serpiente de cerca de dos metros de longitud se deslizó entre la hojarasca esquivando nuestra trayectoria. De no haberse movido no nos hubiéramos percatado de su presencia, pero decidió eludir el encuentro y separarse unos metros. Ni qué decir tiene que el encuentro fue emocionante. La serpiente avanzó unos dos metros y se detuvo entre la hierba seca.

De un ocre intenso, con una tonalidad caqui, todo su cuerpo estaba moteado de pequeñas escamas marrón oscuro, sin formar una dibujo definido. Lo único que pude descartar era que perteneciera al grupo de las pitones, porque su cabeza era cilíndrica, como una prolongación del cuerpo mientras que estas, tienen una cabeza triangular muy característica. Pero sin una guía de reptiles en la mano era difícil identificarla.

Dugite o Spotted Brown Snake.

La serpiente estuvo unos minutos observándonos. Luego, dio media vuelta y se perdió bajo la hojarasca del siguiente tocón. Nosotros todavía estuvimos un poco más mirando el hueco por donde se había marchado, inmensamente felices de haberla observado. Para mí, era la quinta especie de serpiente vista en Australia y posiblemente la que mejor experiencia me había reportado.

Al día siguiente, en la biblioteca de Fremantle, con varias guías de reptiles australianos pude ponerle nombre a nuestra serpiente: Dugite (Pseudonaja affinis). En este caso, la observación correspondía a una Spotted Brown Snake, que es el nombre que reciben las Dugite con esta coloración moteada. Las hay también con la cabeza negra, con una coloración muy parecida a Tiger Snake (de las que les hablé en una entrada anterior en este blog), y algunos patrones más.

Ahora continúa este tiempo caluroso que promete un sinfín de nuevas observaciones. La próxima escapada será a las colinas de Guilford a intentar observar a la mayor rapaz de Australia, Wedge-Tailed Eagle (Aquila audaz). Mientras, seguiremos atentos a todo lo que se mueva.

Un saludo

Fran Torrents

12/9/2012

POR FIN.....


A los pocos días de llegar a Australia, hace ya seis vertiginosos meses, compré la guía de aves del país y comencé a ponerle nombre a las especies que veía. Todavía recuerdo la emoción de encontrar la descripción de la vigorosa Urraca Australiana. Es tan común que ahora casi no le presto atención, sin embargo en los primeros días era tan novedosa como la más esquiva de las especies del continente.

Así poco a poco, a veces en jornadas increíbles en las que cada arbusto te sorprendía, he ido conociendo la fauna alada de esta parte del país y del norte, durante las tres semanas que estuve allí. Han pasado por las lentes de mis prismáticos garzas, rapaces, patos, cacatúas y muchas aves más que sería muy largo exponer aquí.

Todo esto viene a cuento de que, entre todas las especies que la guía me indicaba que habitaban la costa oeste, había una que me picaba la curiosidad observar. Me llamaba la atención su tremendo pico, su expresión, el tamaño... 

Me refiero a la Pacific Gull, una gaviota mayor que las gaviotas medianas como la patiamarilla (la más común de Canarias), la Sombría, la Argéntea y otras de la misma talla, con una fisonomía bastante parecida pero, en comparación, con un pico tremendamente robusto.

Tratándose de un ave costera, debía ser fácil de observar.

Pero pasaban los meses y no había manera de avistarla. Por todos lados podía ver a la Silver Gull pero ésta se resistía. Los libros decían que estaba en la zona, pero por más que visitaba zonas de costa no aparecía.

Llegué a ver alcatraces, pagazas, charranes y limícolas, incluso a vislumbrar al albatros a lo lejos pero la Pacific Gull estaba desaparecida.

Un día llegó Alfonso, un amigo de España que venía viajando desde hacía un tiempo por las islas del Pacífico Sur y decidió hacer una escala en Perth. Con él y otra amiga, nos fuimos circulando hacia el norte, avanzando lentamente porque parábamos en cada lugar que nos llamaba la atención o como no, prometía la observación de alguna especie nueva.

Con Alfonso Molera, mi eterna camisa graciosera
y el Toyota Starlet con el que me muevo desde que volví a Perth.

Pues bien, en una de estas paradas, nos acercamos a una preciosa lengua de mar que con tonos turquesas y esmeraldas serpenteaba hacia el interior formando meandros muy atractivos.

Era el estuario de Moore River. Me animó que el día estaba ventoso. En esos días, las aves costeras suelen buscar refugio en tierra y son más fáciles de observar. Y dicho y hecho, cuando enfoqué los prismáticos, allí estaban dos fantásticas Pacific Gulls, con un plumaje bastante cercano al adulto, pero todavía con manchas en cabeza y cuello y el manto moteado de pardo.

Estaban paradas en la orilla con las patas dentro del agua, donde la transparencia dejaba que predominara el color de la arena, pero justo detrás de ellas, la profundidad aumentaba bruscamente y el ocre pálido daba lugar a una mezcla de azules y verdes en los que las cabezas blancas destacaban perfectamente.

Desde ese momento supe que le haría una lámina.

Y aquí está.

Pacific Gull (acuarela sobre papel AS de 210 grs.)

Espero que les guste.

Un saludo.

Fran Torrents



4/9/2012

A LO LEJOS, SE AVISTA LA PRIMAVERA...


Se me hace extraño razonar que terminando agosto empiece la primavera, que los pájaros lleven dos semanas como locos previendo la mejora del tiempo y que las últimas tormentas del invierno me tengan metido en casa abrigado hasta las cejas. Y es que las estaciones, en esta zona de Australia son absolutamente contrarias a las que se desarrollan en Europa, mientras aquí impera el frío invernal, en España todo el mundo en la playa y viceversa.

Todo esto viene porque estas últimas semanas han comenzado a subir las temperaturas, aunque en este momento, estemos sumidos en una violenta tormenta de lluvia y viento que arranca las ramas de los eucaliptos como si una leve brisa levantara en el aire servilletas de papel. Aún así, la cosa no llega a mayores y la vida continúa.

Las primeras en prever la llegada del buen tiempo fueron las Silver Gulls, la gaviota más común y confianzuda que he visto nunca. Hace semanas ya que sus esponjosos pollos daban sus primeros pasos en el antiguo muelle de madera de Fremantle.

Me llama la atención que un país tan grande tan solo posea tres especies de gaviotas nidificantes. Sobretodo cuando no es un continente aislado, ya que tiene conexión directa con el sur de Asia y el intercambio de especies tiene que ser bastante factible. Cosas de la naturaleza que a veces cuesta comprender.

Lo que está claro es que este es el continente de los loros. Si recuerdan lo que contaba sobre las cacatúas en una de las entradas que publiqué desde Darwin, ahora tengo que decir que el espectáculo no cesa, al contrario, cada salida de campo, cada rincón que se me ocurre recorrer me muestra nuevas especies de loros o afines, a cada cual más colorida. Hace unos días hice un pequeño recorrido por el Parque Nacional de Korung, al este de Perth. Un paseo de un par de horas que se convirtió en un maravilloso día de pajareo que me dio la oportunidad de observar la Western Rosella, un loro de afilada cola con el cuerpo rojo carmesí que se vuelve bermellón cuando el sol lo alcanza. La cola es verde y, entre medio, un sinfín de tonalidades que van desde el azul añil hasta el amarillo limón. No me canso de mirar a estos bichos.

Evidentemente, no es la Western Rosella que comento en el texto.
Esta es una de las Corella, hay tres especies muy similares y
ni la guía ni los mapas de distribución ayudan a identificarla.

En este paseo también hice un par de interesantes observaciones de pequeños pájaros, los más esquivos y los que siempre se me quedan los últimos por identificar. Pero de éstos hablaré en la próxima entrada, cuando termine la ilustración que estoy haciendo.

Si bien cada vez es más difícil descubrir especies nuevas (debo andar cerca de 150 especies identificadas) ahora cada especie nueva es un descubrimiento valioso que se saborea si cabe, más que las primeras que aparecían a trompicones como diciendo “apúntame que no me has visto”.

Estaba claro que al principio sería así, un territorio nuevo, nuevas especies, familias, pero ahora que empiezas a reconocer el canto de los más comunes y los hábitats se van perfilando claros, comenzará la llegada de las aves migratorias, y se renovará una vez más el ancestral intercambio de territorios, recursos y refugio que las aves llevan realizando quién sabe cuántos años…

Les dejo unos bocetos de canguro que dibujé el otro día con lápiz







Saludos

Fran Torrents

20/8/2012

LA TIGRESA Y LAS OSCURAS GOLONDRINAS



Julio 2012, Perth WA.

Visto el título, alguno se pensará que voy a entrar en detalles escabrosos de mi estancia en Australia o que me he aficionado de pronto al cine asiático, tan prolífico en títulos de este tipo. Nada más lejos de la realidad. En los próximos párrafos entenderán el porqué de este encabezado tan enigmático.

Cuando empecé las clases, el ritmo de vida que llevaba hasta entonces en Australia cambió completamente: horarios definidos, madrugones, clases y horas de repaso se erigieron en las directrices de mi tiempo, marcando el compás de las salidas y recordando, siempre que comenzaba a dejarme ir, el sinfín de obligaciones que me esperaban. Saliendo a las tres de la Escuela de Idiomas y con el sol cayendo a eso de las cinco y media, poco margen me quedaba para visitas a espacios naturales.

Lo adelantaba en la última entrada y así ha ocurrido, pero este país se vuelve a mostrar generoso ofreciendo un importante número de rincones que, inmersos en la vida urbana y perfectamente camuflados entre urbanizaciones, carreteras y el trasiego de gente que diariamente hace su vida cerca, reservan la vida natural para quien quiera disfrutarla.

Así, buscando en el mapa, comencé a hacer recuento de cuantos lagos, lagunas y pequeñas charcas se encontraban cerca del itinerario que diariamente realizaba.

Y comenzaron las sorpresas.

Como estoy estudiando en Scarborough, en la costa al noroeste de Perth, busqué directamente en el trayecto hasta Fremantle y encontré el lago que me había comentado un compañero de clase: Lake Monger. Me las prometía felices,  un lago bastante grande, con un paseo que lo circunvala… pero en el camino de éste, el lago Herdsman me paró en seco. Es una formación circular donde se combinan varios lagos de distintos tamaños con senderos, isletas y zonas de hierba rasa con otras de tupida vegetación. Pues bien, fue enfocar el telescopio y comenzar a descubrir especies que no había observado todavía.

Estaban el porrón australiano, un pato buceador marrón oscuro. El macho tiene el iris del ojo blanco y destaca tremendamente desde lejos. También estaba la malvasía australiana, otro pato marrón con cola corta y enhiesta y el pico azul, y un dormidero de espátulas de pico amarillo y golondrinas, cisnes negros y unas cuantas especies más.

Por cierto, tengo que corregir cierta información que incluí en una de las primeras entradas sobre Australia: cuando hablé de que el cisne negro ya solo se encontraba en pequeños grupos en el río, lo hacía basándome en el comentario de una señora mayor, que me lo explicaba así. Ahora he tenido la grata sorpresa de verlos en grupos de cincuenta ejemplares e incluso más, por lo que es posible que, aunque esta señora en su juventud viera más cisnes en el río, la especie no esté en el peligro que me hacía pensar con su comentario. En cualquier caso es una corrección para bien y a mí me causa una tremenda alegría tener que hacerla.

Muchas veces, la gente habla desde el corazón sin tener en cuenta que su información puede ser tenida muy en serio. En este caso, esta señora me contó su experiencia basada en sus recuerdos y seguramente no tiene en la actualidad las referencias necesarias para hacer ese tipo de valoraciones. O realmente lo que yo he visto, aún pareciéndome impresionante no es sino un vestigio del esplendor de la población de cisnes negros… Si algún día lo descubro lo compartiré aquí y todos nos enteraremos.

Volviendo al lago Herdsman, todas estas especies eran una invitación a recorrer el lago, cosa que no podía hacer en una tarde teniendo tan pocas horas de luz, pero me di un corto paseo para ir tomándole la medida y plantear futuras visitas.

En este paseo, después de identificar una especie de golondrina (Welcome swallow*), estaba absorto con sus vuelos, idas y venidas, pasadas rasantes sobre la superficie del lago hasta que, en un momento dado, observé que un grupo numeroso se afanaba en atacar algo sobre la hierba. El comportamiento me pareció sumamente extraño, recordaba a las  gaviotas cuando se abalanzan sobre restos de comida en el suelo o cuando alguien penetra en sus colonias de cría e intentan expulsarlo a base de pasadas intimidatorias; pero nunca lo había observado en golondrinas.

Para enterarme de lo que pasaba, enfoqué el telescopio hacia allí y descubrí que, lo que tan afanosamente intentaban ahuyentar las golondrinas, era una hermosa culebra, con la zona ventral amarillenta y el dorso de un pardo ambarino muy brillante, dando la impresión de estar recién salida del agua. No podría asegurarlo pero creo que el metro de longitud lo superaba con creces. 

Y lo curioso es que estaban consiguiendo incordiarla lo suficiente para que se alejara de allí. Aún no he entendido el porqué de esa actitud por parte de las golondrinas, tal vez esta serpiente sea capaz de trepar hasta sus nidos y sea uno de sus predadores potenciales. La cuestión es que entre todas consiguieron que se marchase hacia zonas de vegetación más tupida.

Después de que se hubo ido, seguí con mis observaciones, contento de haber observado una cuarta especie de serpiente y deseoso de identificar en una guía la especie exacta. Al poco se me acerca una pareja de viejecillos que andaban haciendo ejercicio por allí y entablan conversación sobre el telescopio, de donde vengo y esas cuestiones comunes entre las personas que se encuentran por primera vez.

Al rato de estar hablando les comento lo de la serpiente. Se los dije, con el entusiasmo de compartir esa observación, pero, consciente de que mucha gente tiende a eliminar a todo bicho de apariencia peligrosa, les dije con mi mejor intención:
“Pero tranquilos que es una especie inofensiva, una culebrita….”

Entonces el viejecillo se me acercó un poco más y sonriendo me dijo: "¿Amarilla por debajo y marrón por encima me decías? – por la expresión socarrona de su cara comencé a temerme que sabía de lo que estaba hablando. Me da una palmada amistosa en el hombro y me suelta - También puede ser negra por encima, es una Tiger snake, una de las cinco serpientes más peligrosas del mundo.”

La cara debió quedárseme a cuadros porque la viejilla también se echó a reir.  Luego se fueron sonrientes y saludando con la mano. Ella todavía tuvo el sentido del humor de pararse y decirme desde lejos: “Cuidado con las serpientes” y allí me quedé yo, de enterado diciéndole a los habitantes de la zona, qué especies eran o no peligrosas…

Posteriormente, a medida que he ido conociendo el lago, he encontrado numerosos carteles avisando de su presencia. 

Me encanta esta sensación de saber que la vida salvaje, aún pudiendo suponer un peligro para las personas, se gestiona de manera tan civilizada. Realmente si nos organizamos un poco hay espacio para todos.

Un saludo y disculpen la tardanza

Fran Torrents

22/6/2012

TIEMPO DE CHARRANES



Como había advertido, el nuevo ritmo me ha absorbido, dejándome poco tiempo para escribir y explorar este país. Aún así, la distancia entre Fremantle y la Escuela de idiomas encierra un número interesante de pequeñas lagunas donde las aves son fácilmente observables.

Gracias a eso, he podido comprobar lo difícil que lo tienen las libélulas aquí. La otra tarde pude disfrutar de un pequeño documental en el que dos pequeños halcones, el Cernícalo australiano y el Australian hobby (del mismo tamaño que el primero pero de cola más corta y mayor parecido físico con un halcón) se merendaban por turnos a la población de libélulas que habita un lago del norte de Perth.

Desde sus correspondientes oteaderos, las dos rapaces realizaban cortos vuelos a ras de agua y enganchaban con una facilidad pasmosa a las desconcertadas libélulas (de tamaño similar a Anax imperator, la más común y fácil de ver en Canarias) que en pocos segundos eran despiezadas y engullidas, quedando solamente unas alas transparentes que durante unos segundos, se quedaban adheridas a la rama y poco después, con suaves zigzags acababan depositándose en el agua.

Este ritual se repitió varias veces. Tuve la suerte de que el Australian hobbie se posó siempre en la misma rama seca y dejé el telescopio enfocado hacia allí, dejando los prismáticos para seguir los vuelos y observar como en el último momento abrían las alas y dejaban delante las garras para atrapar con ellas al sorprendido insecto.

Parecía que la población de libélulas lo tenía difícil con semejante cuadrilla de exterminadores cuando un nuevo comensal se sumó a la merienda. La White-faced Heron, una garza gris-azulada con la cara y garganta blancas, la más común aquí por lo que he visto, apareció caminando furtiva entre las plantas acuáticas y enganchó con certero movimiento a otra libélula. En este caso la engulló completa después de soltarla en el agua, propinarle un par de picotazos y sacudirla en el aire.

Tal vez se pregunten por qué no dibujé o tomé apuntes de este hecho. La verdad es que estaba tan a gusto observando las maniobras de los halcones, siguiendo los lentos movimientos de la garza, rapidísimos cuando la presa estaba a tiro, intentando imaginar donde estarían los siguientes objetivos de los afanados predadores, que preferí disfrutar del momento y vivirlo como observador.

Eso ocurría en los últimos días de sol que hemos disfrutado por aquí, porque el invierno ha comenzado en estas latitudes y las temperaturas han bajado hasta rozar los cero grados algunas noches. Se me hace bastante extraño volver a entrar en el invierno cuando de estar en Europa, empezaría a disfrutar de la calidez del verano, pero tras las semanas pasadas en el territorio del norte, con su clima tropical creo que no me vienen mal un par de meses de fresquito.

Pues este invierno, además de frío, ha traído cambios en el ambiente que he aprovechado al máximo. La semana pasada, un primer temporal de viento y lluvia encrespó el mar y, por primera vez observé la playa sin surfistas a lo largo de todo el litoral. Lo normal es que haya decenas de ellos esperando la ola que los impulse.

Los fuertes vientos son una buena señal para el observador de  aves, porque muchas buscan la costa como refugio ante el vendaval. Sabiendo esto, madrugué un poco más y conseguí tiempo para echar un ojo a la playa antes de entrar en clase y obtuve buenos resultados.

Lo normal es que en la arena estén un grupo de Silver gulls (la gaviota más común aquí, parecida a la reidora europea pero sin capirote) y algunos Swift terns (Charranes piquigualdos), pero una mañana pude observar un pequeño charrán oculto tras el grupo mencionado. Al acercarme, la diferencia de tamaño se hizo patente, era realmente pequeño comparado con los piquigualdos. Lo primero que pensé fue que me encontraba ante un charrancito, pero al mirar la guía, las alas completamente grises sin la cara externa de las primarias negras me decantaron por Fairy Tern (Sterna nereis). Esta especie, además, es la que habita esta zona con regularidad mientras que el charrancito tiene un área de distribución mucho más norteña y apenas llega hasta el norte de Australia. Pero con las aves nunca se sabe, tal vez me lo encuentre un día de estos.

Charrán piquigualdo
Sketch rápido a dos colores.

Empezaba bien la semana.

A los pocos días, en una mañana lluviosa vi pasar fugazmente un charrán robusto, mayor que el piquigualdo y con el pico rojizo. Al mediodía lo volví a ver. Otra vieja conocida de Sudáfrica, la pagaza piquiroja engrosaba el número de aves marinas que se mueven en esta costa.

Así, el invierno aporta nuevos alicientes cada día, los lagos van aumentando su superficie y la vida se renueva una vez más.

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de rodear una isla en una pequeña lancha, acompañando a un amigo que iba a pescar y, después de disfrutar viendo los leones marinos y una impresionante colonia de cormoranes, recibí un premio especial.

En la orilla de la isla, caminando confiado, un ostrero negro me hizo subir las pulsaciones. Esta especie es similar a una que habitó en Canarias y tristemente se encuentra extinguida desde hace casi un siglo. Por eso, ver a este pariente cercano me produjo una sensación especial.

Estas tierras son un paraíso para las aves. Tienen espacio, tranquilidad y un mar que les provee de todo lo que necesitan para vivir. Ojalá que esta vida que observo con tanta facilidad se reproduzca y continúe muchos años deleitando a los que disfrutamos de la simple observación, de plasmar formas y colores o de descubrir los secretos de su biología, su comportamiento y las causas que hacen que cada especie sea especial.

Espero no tardar tanto con la próxima entrada.

Saludos.

Francisco Torrents