24/7/2014

NEPAL y más pájaros (y 3)


Langtang apareció en el camino como si aquella planicie a la que dieron paso los bosques de coníferas hubiera estado todo el tiempo observándonos. Después de atravesar el último puente colgante, balanceándonos de alegría ante la mirada impertérrita de los yaks, el poblado se dibujó entre las lomas peladas del valle. Alrededor, la nieve de las cumbres se esparcía en nubecillas soplada por el viento y pequeñas cascadas se descolgaban desde las laderas.


LangTang




Y enseguida nos dio la bienvenida una de las aves más bonitas de la cumbre, la Paloma de las Nieves.


Snow Pigeon (Columba leuconota)

A nuestro alrededor, guías y porteadores tibetanos, turistas y aventureros, americanos, asiáticos y europeos compartiendo un trocito de mundo al que solo puedes acceder a través del esfuerzo, del disfrute de la montaña. En esos momentos, el espíritu del montañero, del caminante, aflora más que nunca y sientes que estas experiencias deberían recetarlas los médicos, ser provocadas desde la infancia en los colegios, motivarlas los padres. Que nadie se quedara sin saber qué se siente después de caminar varios días por una montaña, lejos de las carreteras, con tus piernas como único medio de transporte.

Descansando con LangTang al fondo

Después de la impresión inicial y tras buscar habitación, a ver pájaros. La paloma de las nieves fue solamente la primera de las especies avistadas en la alta montaña. La siguieron muchos más que mi poca pericia como fotógrafo me impidió retratar. Chovas piquirrojas y piquigualda, un grupo de Bisbita rosado/Rosy Pipit (Anthus roseatus), inquietas lavanderas y los sempiternos cuervos...

Beautiful Rosefinch (Carpodacus pulcherrimus) 

Luego, después de un día de descanso y disfrute, vuelta a las tierras bajas, con más calma y los prismáticos en el cuello todo el tiempo.

Rufous-gorgeted Flycatcher (Ficedula strophiata)


Chesnut-crowned Laughingthrush (Garrulax erythrocephalus)

Al volver a Kathmandú, ya con los días contados, apenas dio tiempo para visitar algunos pueblos de las cercanías y poco más. En esos recorridos nos sorprendió la belleza y tranquilidad de Patan, con apenas turismo y un ambiente de autenticidad que merecía la visita.


Templo en Patan. 

House Crow (Corvus splendens)




Y como todo lo bueno, el viaje terminó. Hasta la próxima Nepal.


24/5/2014

NEPAL II: La montaña y los pájaros


Teniendo tan solo dos semanas para conocer algo el país había que elegir entre las selvas del sur y las montañas del norte. Y claro, quién va a Nepal y no se hace un trekking de unos cuantos días aspirando a acercarse, al menos un poco, al rosario de picos nevados que conforman el techo del mundo.

Alguno pensará que en dos semanas se puede visitar ambos espacios. Deducción errónea y se lo voy a explicar enseguida. El trayecto entre Kathmandú y Syabrubesi, que es la puerta de entrada a la ruta que nos llevará hasta Langtang a 3500 metros de altitud aproximadamente, con una distancia de 120 kms. es cubierta por este valiente vehículo en unas nueve horas que se hacen eternas mientras las pilas de sacos aumentan en el pasillo central y para salir tienes que escalar literalmente en el interior de la guagua..


La más valiente camino de las cumbres.
Cualquiera diría que no es 4x4.
El Expreso que tomamos a la vuelta reduce ese tiempo en una hora y media más o menos, ... si todo va bien. Pero ¿de quién es la culpa? Pues si hubiese que hablar de un culpable habría que señalar a la carretera infernal que convierte el trayecto en una aventura comparable a lo que esperas del trekking en sí.


La puerta de la guagua siempre permanece abierta.
En ella, el cobrador y ayudante del conductor pulsa un timbre con mayor o menor insistencia,
dependiendo de la proximidad al borde de la ladera.
Llega un momento en que cuando suena el timbre prefieres no mirar por la puerta.

En un trayecto no apto para cardiacos, en el que cuando se cruzan dos vehículos, la falta de espacio se suple con pura pericia y el conocimiento de un terreno que algunas veces parece capacitado solamente para vehículos todo-terreno, cuando llegas a tu destino tienes la sensación de haber superado una prueba y la montaña te da la bienvenida. Es el momento para darte una alegría y brindar con una Everest, por lo realizado y por lo que viene.

Ya se nos había quitado la cara de susto.
Y por fin, la montaña.

Mochila al hombro y a disfrutar de una montaña que, en contra de lo que me esperaba, estaba llena de pájaros. Pájaros en el lecho del río, pájaros en los bosques de ribera, pájaros en los poblados a 3000 metros de altitud... el paraíso jejejeje.....

Plumbeous Water Redstart (Rhyacornis fuliginosa)

El trekking de Langtang discurre, salvo en contadas ocasiones, muy cerca del río Langtang (imaginación al poder) ascendiendo por bosques y praderas que se combinan con largas escaleras esculpidas en el suelo, por las que cada día ascienden decenas de porteadores llevando a la espalda con esa peculiar banda en la frente, todo tipo de materiales que surten a los poblados de la montaña. Planchas de madera, sacos de todo tipo, rollos de manguera y varillas de acero, cualquier cosa susceptible de ser instalada en la espalda es izada paso a paso, día tras día en la senda que lleva a lo más alto.


Gavillas de acero a hombros en dirección a Langtang.

Al margen de la vida humana, la montaña despliega sus mejores galas para quien quiera apreciarlas.



A medida que avanzas, el río y el bosque te preparan para lo que viene, cuando en una curva del camino, aparecen por fin, los primeros picos, algunos de seis o siete mil metros de altura. 



La vegetación comienza a abrirse, los prados y las pequeñas mesetas se suceden cada vez más a menudo y las coníferas ocupan el espacio del colorido bosque de los márgenes fluviales. Y los pájaros sorprenden por la cantidad en altitudes donde no suelen ser muy numerosos.

Blue-fronted Redstart (Phoenicurus frontalis)

A lo largo de todo el camino, se suceden pequeños poblados que te ofrecen la posibilidad de comer y dormir y, de repente, te descubres inmerso en un recorrido por poblados tibetanos, y las montañas adquieren un carácter aún más mítico si cabe.


Yak pastando mientras mira de reojo a los turistas:
"Con esta gente rara nunca se sabe".

Y así paso a paso, vas ascendiendo hasta los llanos desérticos que rodean a Langtang. Pero eso se lo cuento en la próxima entrada.



13/4/2014

NEPAL I: Katmandú



Las sorpresas si ocurren en un país como Nepal son aún más sorprendentes. Como no acostumbro a preparar demasiado los viajes (apenas me preocupo por saber las condiciones del visado, buscar algunos parques nacionales o lugares donde puedas observar la naturaleza y las aves peculiares del país y poco más) cuando llego todo huele a descubrimiento.

TODO ES DE COLOR
o al menos se intenta.
Me encanta esa sensación de encontrarte con una ciudad como Katmandú sin haber previsto el caos increíble que rueda por sus estrechas y polvorientas calles, sin haberte preparado para sumergirte en esa marea de pitazos y giros bruscos en la que se desenvuelve la vida normal de esta ciudad y, en la que, sin embargo, no parece que nunca llegue a desencadenarse una situación preocupante. Sus habitantes han crecido en ese caos y se manejan en él como lo podemos hacer nosotros en nuestras ordenadas  ciudades. Así, a los dos días de caminar entre los nepalíes, te olvidas de los retrovisores que te pasan a dos centímetros del brazo, de los pitidos a la espalda y te dejas llevar por la marea de gente, bicicletas, motocicletas y coches que se mueve en todas direcciones sin que norma alguna dirija ese sinfín de itinerarios imprevisibles.

HAY SITIO PARA TODOS,
pero no intenten ordenarlo, solo hay que dejarse llevar y funciona.

PAPEL HIGIÉNICO MARCA ACME
Es lo que tiene la sencillez :)

En este país humilde, impera la tranquilidad y la sonrisa fácil, y las miradas desprenden un halo de dignidad que se extiende por dondequiera que vayas. Humildad y dignidad son los sentimientos que me acompañarán durante todo el viaje, tanto en la ciudad como en los pequeños pueblos tibetanos que visitaremos en el trekking hacia Langtang. Y una vez más, me siento un aprendiz, abro los ojos e intento asimilar la esencia y la belleza que se esconden en la sencillez de la vida nepalí. La sonrisa de la mujer que de repente ve invadido su pequeño “restaurante” local, que no habla una palabra de inglés y con la que solamente sabemos compartir un “namaste”(hola), y que sin embargo nos prepara sus noddles con toda la delicadeza del mundo, mientras una señora mayor duerme con un niño tras la siguiente mesa, en una cama disimulada en la esquina de la estancia. Una pareja de trabajadores nos mira y se ríe desde esa mesa, tal vez preguntándose, quiénes serán estos tipos raros que en vez de irse a un buen restaurante se meten en este cuchitril.

Ya habrá tiempo de ir a comer a sitios más modernos y preparados, pero no los cambio por el rato que pasamos allí. Ver cómo poco a poco la mujer se va sintiendo cómoda con nosotros y comienzan a rellenar momos (comida típica que no te puedes perder en Nepal) que devoraremos en cuestión de minutos, mientras afuera el tráfico se va ralentizando poco a poco.

ANTES MUERTA QUE SENCILLA,
las mártires de la moda.
Al salir,el cielo aparece recortado por miles de cables eléctricos que brotan de cada poste. Lo primero que piensas es, ¡cómo no va a haber cortes de luz! Me compadezco de los electricistas nepalíes aunque seguramente, igual que pasa con el tráfico, conocerán una fórmula mágica para resolver el laberinto que se esconde entre tanto rollo de cable acumulado. Por un momento la imaginación se me dispara y me imagino que Spiderman ha estado practicando con sus telarañas en esta ciudad.

SPIDERMAN STREET

En fin, Katmandú está ahí, esperando tu visita, invitándote a que te pierdas entre sus callejuelas y te dejes invadir por la sensación de que todo, pase lo que pase, va bien.


Próxima entrada NEPAL II: ¿El Tíbet en Nepal?

13/10/2013

Tan cerca y tan lejos, al fin Asia.


Un año y medio después de comenzar mi aventura australiana, algunas cosas continúan sorprendiéndome. Los que han seguido este blog desde el principio, recordarán aquella información que me diera una señora, acerca de la disminución de la población de cisnes negros que ella había percibido desde su niñez hasta la actualidad, drástica según me decía. En los tapices del Museo de la Marina de Fremantle, aparece la desembocadura de Swan River bordeada de carrizos y con multitud de cisnes salpicando ambas riberas, donde hoy se asientan el puerto industrial y los muelles deportivos.

Siempre ha pasado así. La colonización de un espacio por el ser humano y el proceso que les acompaña, incluyen la transformación del paisaje y el desplazamiento de las especies originales hacia zonas menos favorables.

Pues bien, en estas últimas semanas, se ha producido un hecho que aún me tiene emocionado. Repentinamente, a la vez que este largo invierno que se resiste aún a desaparecer, iba cediendo sus bajas temperaturas a la inminente primavera y el viento se suavizaba, los lagos y el río se han llenado de cisnes. Si hasta ahora había podido observar grupos de treinta o cuarenta ejemplares, ahora puedo contar cien sin esfuerzo, y muchos más. Y es realmente impresionante, seguir la línea de agua con los prismáticos y no parar de encontrar grupos, uno detrás de otro, unos lejanos, otros más cerca, cisnes por doquier.

Y por fin, he perdido aquel prejuicio que tenía con este bello animal, el hecho de recordarlo siempre como un ave de parques y zoológicos, una figura típica de espacios humanizados. Por fin, el cisne se me muestra en todo su esplendor, como el animal salvaje que es, esquivo y digno, esbelto y hermoso como pocos pueden presumir.

Pero tras este año y medio también he tenido la oportunidad de pisar el quinto continente. Después de visitar América, África y Australia, viviendo como lo hacía en Europa, me faltaba visitar el exótico continente asiático. Y por fin, el pasado mes de septiembre di mis primeros pasos en Indonesia, en la Isla de Bali. Como primer contacto estuvo muy interesante, aunque tengo que reconocer que también me supuso una mediana decepción. Bali, en algunos aspectos, ha sucumbido ante el implacable yugo turístico y ofrece numerosas opciones para disfrutar de la costa desde la confortable piscina de un resort, a pie de playa pero ha sacrificado buena parte de su patrimonio natural en pos de ese modelo que tan bien conocemos. De esa manera y, una vez más, la costa vuelve a estar monopolizada y el paisaje está dominado por la mirada inquisitiva de los vigilantes para que nadie se cuele en los pequeños paraísos postizos, en los que los turistas se encierran.

Como fuera que no estaba interesado en ponerme moreno, partí hacia el interior. Después de pasar dos días en Ubud, el pueblo artístico por excelencia, repleto de tiendas donde venden todo tipo de tapices, cuadros y figuras. Allí pateé entre campos de arroz y tuve la suerte de ver un varano y añadir algunas especies de nuevas observaciones de aves. Pero en general, Bali me pareció un lugar pobre en avifauna, especialmente para un lugar con un clima húmedo, altas temperaturas y mucha agua, donde además están todo el día dejando ofrendas con arroz por todas partes, por lo que debería haber un buen número de especies oportunistas aprovechando ese recurso.

Ofrendas en la acera de Ubud.

En las plantaciones de café del interior, te ofrecen rutas guiadas para conocer los entresijos de ese cultivo. Los guías, al final, te ofrecen una degustación de varios tipos de café desde café de vainilla hasta una variedad hecha con cacao. Luego puedes comprar el producto en la pequeña tienda de la plantación.


En este caso, mis prismáticos hicieron las delicias de los guías,
que en lugar de observar aves, intentaron observar a las mujeres en el río.
DIFERENCIAS CULTURALES: 0 - CUTRERÍO VARONIL 1.

Después de Ubud, partí hacia Munduk, en el corazón de la isla, a donde llegas por una carretera estrecha y zigzagueante que a veces adquiere tal inclinación que te hace apreciar la pericia de los conductores balineses. En Munduk pude realizar un par de caminatas bastante interesantes, la mejor fue la que nos llevó cruzando la selva al lago Tamblingan, el cual cruzamos (me acompañaba el biólogo holandés que fácilmente podrán identificar en la foto) a la vuelta en una canoa de doble cuerpo unidos por una pequeña plataforma de madera, justo cuando el sol caía tras la montaña y el agua parecía un espejo. Me encantó especialmente la disposición del grupo de guías del paraje. 




Camino de vuelta a través del lago. Moduk y el barquero.

Moduk, la chica de la foto, fue nuestra guía. Cuando me dijo que había aprendido inglés con un diccionario y hablando con la gente no pude más que quitarme el sombrero ante un maravilloso ejemplo de tesón y superación. Su trabajo fue una buena muestra de cómo la interpretación guiada puede mostrarte mil aspectos de un lugar que hubiesen pasado desapercibidos de haber caminado solo. Desde la humildad de un colectivo de guías que prácticamente apenas cuenta con medios para hacer su trabajo, su dedicación y disposición son un ejemplo para todos aquellos que se dedican o nos hemos dedicado a la interpretación en la naturaleza.

Guías del Lago Tamblingan.

Otra de las cosas que te llama la atención en Bali, es la profunda religiosidad de sus habitantes. Al menos dos veces al día, salen a la calle portando una especie de recipientes de hoja de palma o algo parecido, en el que han depositado flores y arroz principalmente, que colocarán en el suelo frente a la casa, o en alguno de los altares que encuentras en prácticamente cualquier lado. Eso provoca que si vas con los prismáticos mirando hacia el cielo en busca de pájaros, acabes dándole patadas a más de una ofrenda. Según la población local, eso es signo de mala suerte, pero sinceramente, creo que todos los habitantes o visitantes de Bali, han pateado al menos una vez una ofrenda o sea que si fuera verdad, la mala suerte estaría institucionalizada. Es prácticamente imposible no hacerlo. De resto, la religiosidad se muestra en forma de templos, en los que destacan las esculturas de ojos saltones y con forma de todo tipo de animal. 


Pero en realidad, los templos son patios vacíos con losmuros decorados y templetes interiores, con aspecto bastante desolador y apariencia de abandono. Es curioso que, si quieres acceder al interior, te coloquen una falda o al menos un fajín en la cintura, por motivos de respeto y esas cosas que nunca he entendido de las religiones.

Con Oka un joven emprendedor de Munduk, de camino a Lovina en el norte de la isla.

Aparte de lo comentado, la vida sucede caótica entre ofrendas y motocicletas. Diría sin mucho temora equivocarme, que son la combinación perfecta para definir Bali. Las calles y carreteras estrechas han convertido la motocicleta en el mejor medio de transporte, y no es raro ver a alguien con una caña de bambú de unos ocho metros de largo (seguro que me quedo corto) conduciendo por las sinuosas e inclinadas carreteras del interior, con una mano en el manillar y la otra en el hombro agarrando la larga vara. Por lo demás, todos los conductores parecen saber cuando tienen que ceder el paso y cuando pasar, al margen de la señalización que parece estar solamente a título orientativo. Y los altares están diseminados a lo largo y ancho de la geografía insular, encontrándotelos en los sitios más insospechados.

Con los dos símbolos más típicos de Bali, el altar y la motocicleta.

De vuelta a Perth, en los periódicos comienzan a aparecer las noticias sobre las primeras serpientes de la temporada, lo que me anima a esperar descubrir alguna nueva especie. 

Ya les contaré cuando ocurra.

Saludos. 

27/11/2012

IR A POR CANGUROS Y.... / GOING FOR KANGAROOS AND..


El verano se va acercando poco a poco, entre días nublados y otros que amenazan con derretirte si te quedas mucho tiempo al sol. Nubes violáceas se apoderan del cielo y oscurecen la actividad de la ciudad, derraman toneladas de granizos y desaparecen con la misma velocidad con que vinieron.

Mientras, los muelles de Western Australia van recibiendo descomunales piezas de maquinaria y vehículos destinados a la industria minera. Sobre los contenedores de mercancía, asoman inmensos neumáticos de varios metros de altura; los carriles de las autopistas son bloqueados por enormes piezas de maquinaria que ruedan lentamente hacia la inmensidad de la Australia interior, en camiones adaptados para la ocasión. Oversize es una palabra que lees continuamente en las carreteras, referida a estas moles rodantes que ralentizan el tráfico antes de perderse en una nube de polvo rojo camino de las entrañas de la tierra.

A la vez que esto sucede, multitud de seres de talla radicalmente opuesta, inician su actividad después del ciclo invernal. Reptiles e insectos hacen aparición en la vida cotidiana. Las serpientes reptan entre los matorrales, cruzan los caminos de arena que llevan a la playa y se dejan ver en los parques, entre ciclistas, parejas que pasean y deportistas que no ponen atención al furtivo movimiento entre las hebras de césped.

El gran momento ha llegado, y si, para estos animales significa el período de mayor actividad del año, para mí es una gran oportunidad de observar seres que jamás imaginé tener delante.

Como es el caso de uno de los insectos emblemáticos de Australia: Red Back. Es una araña de la familia de las viudas negras y de peligrosa picadura, que puedes encontrar en el marco de la puerta de la casa, en la terraza o en cualquier rincón donde pueda establecer su red de acecho. En este caso estaba en una de las sillas de la terraza, con su brochazo rojo en el dorso (de ahí el nombre) como avisando de su peligrosidad.

Red Back

Cambiando de tercio... (un poco al menos).

Hace meses, estuve en Yanchep, un Parque Nacional al norte de Perth. Es un buen sitio para dibujar canguros, pero son tan confiados que no representan una experiencia como cuando observas una especie en su hábitat.

En esta ocasión he vuelto a Yanchep pero mucho más al norte, alejado de la zona turística, donde la carretera se anima a ascender y asoma frente a un sugerente valle poblado de eucaliptos, banksias y otros árboles que todavía no he conseguido conocer. Mi buena amiga Gabriela Petrovajova, no había visto los canguros y, aunque en primera instancia íbamos a ver los del Parque, decidimos intentar verlos donde no parecieran animales de zoológico.

Fue una gran decisión. Aparte de descubrir una especie de cuco que no había observado aún, la tarde nos deparó un inesperado encuentro.

Los canguros aparecieron pronto, a lo lejos al principio, pero logramos acercarnos lo suficiente para sacar algunas fotos y observarlos perfectamente con los prismáticos. Pequeños grupos de Grey Western Kangaroo trotaban entre los claros del bosque como duendecillos saltarines que jugasen al escondite con nosotros. Los pequeños, más nerviosos, iniciaban repentinas carreras que duraban unas pocas decenas de metros pero que servían para disfrutar de esa peculiar forma de correr que tienen, como si un poderoso muelle los elevase sobre sus patas traseras sin aparente esfuerzo por parte del animal. 

Viéndolos correr, no te parece estar viendo a un mamífero, te da la sensación de observar a un animal arcaico, una forma de vida que no ha seguido el curso evolutivo con el resto.

En esas estábamos, acercándonos despacio e intentando no seguir una ruta directa hacia ellos, cuando nos adentramos en una zona de tocones de árbol, alrededor de los cuales se acumulaban restos de ramas y hojarasca. La tonalidad general era un precioso ocre que con el devenir de la tarde se iba tostando lentamente, las pocas briznas de verde quedaban apagadas entre el esplendor de los amarillos y los tonos tierra. Entonces, de entre esa paleta terrosa, iniciando una retirada discreta, despacio y sinuosa, una hermosa serpiente de cerca de dos metros de longitud se deslizó entre la hojarasca esquivando nuestra trayectoria. De no haberse movido no nos hubiéramos percatado de su presencia, pero decidió eludir el encuentro y separarse unos metros. Ni qué decir tiene que el encuentro fue emocionante. La serpiente avanzó unos dos metros y se detuvo entre la hierba seca.

De un ocre intenso, con una tonalidad caqui, todo su cuerpo estaba moteado de pequeñas escamas marrón oscuro, sin formar una dibujo definido. Lo único que pude descartar era que perteneciera al grupo de las pitones, porque su cabeza era cilíndrica, como una prolongación del cuerpo mientras que estas, tienen una cabeza triangular muy característica. Pero sin una guía de reptiles en la mano era difícil identificarla.

Dugite o Spotted Brown Snake.

La serpiente estuvo unos minutos observándonos. Luego, dio media vuelta y se perdió bajo la hojarasca del siguiente tocón. Nosotros todavía estuvimos un poco más mirando el hueco por donde se había marchado, inmensamente felices de haberla observado. Para mí, era la quinta especie de serpiente vista en Australia y posiblemente la que mejor experiencia me había reportado.

Al día siguiente, en la biblioteca de Fremantle, con varias guías de reptiles australianos pude ponerle nombre a nuestra serpiente: Dugite (Pseudonaja affinis). En este caso, la observación correspondía a una Spotted Brown Snake, que es el nombre que reciben las Dugite con esta coloración moteada. Las hay también con la cabeza negra, con una coloración muy parecida a Tiger Snake (de las que les hablé en una entrada anterior en este blog), y algunos patrones más.

Ahora continúa este tiempo caluroso que promete un sinfín de nuevas observaciones. La próxima escapada será a las colinas de Guilford a intentar observar a la mayor rapaz de Australia, Wedge-Tailed Eagle (Aquila audaz). Mientras, seguiremos atentos a todo lo que se mueva.

Un saludo

Fran Torrents

12/9/2012

POR FIN.....


A los pocos días de llegar a Australia, hace ya seis vertiginosos meses, compré la guía de aves del país y comencé a ponerle nombre a las especies que veía. Todavía recuerdo la emoción de encontrar la descripción de la vigorosa Urraca Australiana. Es tan común que ahora casi no le presto atención, sin embargo en los primeros días era tan novedosa como la más esquiva de las especies del continente.

Así poco a poco, a veces en jornadas increíbles en las que cada arbusto te sorprendía, he ido conociendo la fauna alada de esta parte del país y del norte, durante las tres semanas que estuve allí. Han pasado por las lentes de mis prismáticos garzas, rapaces, patos, cacatúas y muchas aves más que sería muy largo exponer aquí.

Todo esto viene a cuento de que, entre todas las especies que la guía me indicaba que habitaban la costa oeste, había una que me picaba la curiosidad observar. Me llamaba la atención su tremendo pico, su expresión, el tamaño... 

Me refiero a la Pacific Gull, una gaviota mayor que las gaviotas medianas como la patiamarilla (la más común de Canarias), la Sombría, la Argéntea y otras de la misma talla, con una fisonomía bastante parecida pero, en comparación, con un pico tremendamente robusto.

Tratándose de un ave costera, debía ser fácil de observar.

Pero pasaban los meses y no había manera de avistarla. Por todos lados podía ver a la Silver Gull pero ésta se resistía. Los libros decían que estaba en la zona, pero por más que visitaba zonas de costa no aparecía.

Llegué a ver alcatraces, pagazas, charranes y limícolas, incluso a vislumbrar al albatros a lo lejos pero la Pacific Gull estaba desaparecida.

Un día llegó Alfonso, un amigo de España que venía viajando desde hacía un tiempo por las islas del Pacífico Sur y decidió hacer una escala en Perth. Con él y otra amiga, nos fuimos circulando hacia el norte, avanzando lentamente porque parábamos en cada lugar que nos llamaba la atención o como no, prometía la observación de alguna especie nueva.

Con Alfonso Molera, mi eterna camisa graciosera
y el Toyota Starlet con el que me muevo desde que volví a Perth.

Pues bien, en una de estas paradas, nos acercamos a una preciosa lengua de mar que con tonos turquesas y esmeraldas serpenteaba hacia el interior formando meandros muy atractivos.

Era el estuario de Moore River. Me animó que el día estaba ventoso. En esos días, las aves costeras suelen buscar refugio en tierra y son más fáciles de observar. Y dicho y hecho, cuando enfoqué los prismáticos, allí estaban dos fantásticas Pacific Gulls, con un plumaje bastante cercano al adulto, pero todavía con manchas en cabeza y cuello y el manto moteado de pardo.

Estaban paradas en la orilla con las patas dentro del agua, donde la transparencia dejaba que predominara el color de la arena, pero justo detrás de ellas, la profundidad aumentaba bruscamente y el ocre pálido daba lugar a una mezcla de azules y verdes en los que las cabezas blancas destacaban perfectamente.

Desde ese momento supe que le haría una lámina.

Y aquí está.

Pacific Gull (acuarela sobre papel AS de 210 grs.)

Espero que les guste.

Un saludo.

Fran Torrents



4/9/2012

A LO LEJOS, SE AVISTA LA PRIMAVERA...


Se me hace extraño razonar que terminando agosto empiece la primavera, que los pájaros lleven dos semanas como locos previendo la mejora del tiempo y que las últimas tormentas del invierno me tengan metido en casa abrigado hasta las cejas. Y es que las estaciones, en esta zona de Australia son absolutamente contrarias a las que se desarrollan en Europa, mientras aquí impera el frío invernal, en España todo el mundo en la playa y viceversa.

Todo esto viene porque estas últimas semanas han comenzado a subir las temperaturas, aunque en este momento, estemos sumidos en una violenta tormenta de lluvia y viento que arranca las ramas de los eucaliptos como si una leve brisa levantara en el aire servilletas de papel. Aún así, la cosa no llega a mayores y la vida continúa.

Las primeras en prever la llegada del buen tiempo fueron las Silver Gulls, la gaviota más común y confianzuda que he visto nunca. Hace semanas ya que sus esponjosos pollos daban sus primeros pasos en el antiguo muelle de madera de Fremantle.

Me llama la atención que un país tan grande tan solo posea tres especies de gaviotas nidificantes. Sobretodo cuando no es un continente aislado, ya que tiene conexión directa con el sur de Asia y el intercambio de especies tiene que ser bastante factible. Cosas de la naturaleza que a veces cuesta comprender.

Lo que está claro es que este es el continente de los loros. Si recuerdan lo que contaba sobre las cacatúas en una de las entradas que publiqué desde Darwin, ahora tengo que decir que el espectáculo no cesa, al contrario, cada salida de campo, cada rincón que se me ocurre recorrer me muestra nuevas especies de loros o afines, a cada cual más colorida. Hace unos días hice un pequeño recorrido por el Parque Nacional de Korung, al este de Perth. Un paseo de un par de horas que se convirtió en un maravilloso día de pajareo que me dio la oportunidad de observar la Western Rosella, un loro de afilada cola con el cuerpo rojo carmesí que se vuelve bermellón cuando el sol lo alcanza. La cola es verde y, entre medio, un sinfín de tonalidades que van desde el azul añil hasta el amarillo limón. No me canso de mirar a estos bichos.

Evidentemente, no es la Western Rosella que comento en el texto.
Esta es una de las Corella, hay tres especies muy similares y
ni la guía ni los mapas de distribución ayudan a identificarla.

En este paseo también hice un par de interesantes observaciones de pequeños pájaros, los más esquivos y los que siempre se me quedan los últimos por identificar. Pero de éstos hablaré en la próxima entrada, cuando termine la ilustración que estoy haciendo.

Si bien cada vez es más difícil descubrir especies nuevas (debo andar cerca de 150 especies identificadas) ahora cada especie nueva es un descubrimiento valioso que se saborea si cabe, más que las primeras que aparecían a trompicones como diciendo “apúntame que no me has visto”.

Estaba claro que al principio sería así, un territorio nuevo, nuevas especies, familias, pero ahora que empiezas a reconocer el canto de los más comunes y los hábitats se van perfilando claros, comenzará la llegada de las aves migratorias, y se renovará una vez más el ancestral intercambio de territorios, recursos y refugio que las aves llevan realizando quién sabe cuántos años…

Les dejo unos bocetos de canguro que dibujé el otro día con lápiz







Saludos

Fran Torrents