3 abr. 2012

WOOOWWWW…

En estos días en que intento adaptarme al clima radical del trópico australiano, húmedo y caluroso, he comenzado a descubrir la magnífica exuberancia natural que alberga el Northern Territory.



Cuando el avión abandonó las nubes para iniciar la maniobra de acercamiento al Aeropuerto de Darwin, un tupido delta cenagoso me sorprendió, toda vez que la mayor parte del viaje, había transcurrido a través de un inmenso desierto rojo en el que a ratos, se observaban restos de antiguos lagos donde es posible que antiguamente, la vida le diera una oportunidad más soportable a sus habitantes.



Que en ese desierto hay vida es un hecho, pero no deja de ser sorprendente que la evolución haya permitido a algunas especies, habitar la tierra más exigente, bajo las condiciones más extremas que pueda imaginarse.

Casi cuatro horas fueron necesarias para atravesar este continente que, desde que desaparecieron las manchas verdes del bosque de eucaliptos que rodea al área metropolitana de Perth, no había dado señales de vida.

Y de repente, manglares, lagunas y el mar de nuevo, en este caso el Mar de Timor. Si mi vista pudiese abarcar unos cientos de kilómetros hacia el norte, avistaría las primeras islas del Sur de Asia y tras ellas, toda una amalgama de países y culturas que tienta visitar.

Una de las primeras especies que pude observar y dibujar fue esta Avefría, Masked Lapwing (Vanellus tricolor), que "se portó muy bien" y posó hasta que pude realizar algunos apuntes a lápiz. Capturaba con una facilidad tremenda las lombrices que se escondían entre las raíces de la hierba.




Australian White Ibis en una laguna cerca de Perth.

Pero… ¿es por esto que titulé wooooowwww a esta entrada? Pudiera ser, porque el contraste entre el desierto rojo y el verde delta fue fantástico, pero lo que realmente me provocó esa exclamación fue una visión que tuve la suerte de disfrutar la otra noche.

Me encontraba en un barrio de la afueras de Darwin al atardecer. La luz de la tarde todavía confería al cielo ese brillo azul profundo que antecede a la noche total. Entre las casas, podía observar el cielo enmarcado entre las copas de los árboles. Todo normal, una tarde más, hasta que aparecieron.

Recortando el azul luminoso del atardecer, como una legión de espíritus que avanzaran sin necesidad de impulso, unas siluetas etéreas se desplazaban sobre los árboles, LOS ZORROS VOLADORES. Enormes murciélagos frugívoros de tamaño descomunal que comenzaban a ocupar el cielo casi sin mover las alas, flotantes como si los moviese alguna fuerza ancestral. No acababa de creérmelo, en el coche me esperaban para ir a cenar y yo no podía apartar la vista de aquel espectáculo. Poco a poco fueron acaparando el azul mientras la noche los iba absorbiendo.




Lo que más me impresionó fue su forma de moverse. Acostumbrado a los murciélagos de Canarias, de vuelo incansable, rápidos aleteos y constantes cambios de dirección, los zorros voladores avanzaban sin apenas moverse, con aislados impulsos que no parecían necesarios dada la inercia con que avanzaban.

Y su tamaño.

A simple vista parecían del tamaño de una garza grande, ¡enormes! y su silueta se recortaba fantasmagórica, con las patas extendidas hacia atrás y la cabeza erguida.

Posiblemente uno de los momentos más impactantes que he vivido en la naturaleza.

5 comentarios:

Lola dijo...

Wooowwww me ha sabido a poco... quiero más... y a ser posible las imágenes más grandes para verlas mejor.. como le dijo el lobo a caperucita a la pregunta de ¿porque tienes los ojos tan grandes? jejejeje

Anónimo dijo...

Fantastico! me encantó leerlo, espero ver más pronto! Disfrute! Sonja

Mency dijo...

Leyendo estas líneas me vienen a la memoria narraciones de "intrépidos exploradores"...Gracias por regalarnos estos fragmentos coloristas y aventureras al tiempo que poéticos. Gracias por dejarnos vivir la Australia que estás conociendo.
Un abrazo.

Juan Varela Simó dijo...

Te están saliendo unos apuntes de lujo. Enhorabuena!

F. Torrents dijo...

Thank you, master :)