22 abr. 2012

Últimos días en Northern Territory.


El territorio del norte me ha brindado la ocasión de conocer un montón de nuevas especies, tanto de aves como de reptiles y anfibios. Esta tierra rebosa de vida.

Le he cogido especial cariño a los atardeceres. Entre soberbias puestas de sol, impactantes y coloridas como si un imaginario pintor desease acabar de una vez por todas con los colores de su paleta, me he pasado horas viendo el trajín de bandos de cacatúas, cotorras e íbises que vuelan en busca de sus dormideros. Las primeras en desordenada formación, ruidosas hasta la exageración, los últimos, en clásica formación en V disciplinados y ahorrativos, sin titubeos.

Entre ellos, erráticas rapaces cruzan sus siluetas oscuras contrastadas por las formas blancas de las Little Corellas, pequeñas cacatúas blancas que recuerdan volando el movimiento de las garcillas bueyeras. Si tienes suerte, en este marco dinámico aparece la cigüeña de pico negro o Jabiru como lo conocen aquí, con sus rojas patas estiradas tras la cola, el pico, cabeza y cuello verde oscuro y un distintivo dibujo en blanco y negro en el paño de sus alas extendidas.

Si además, has sido previsor y te has apostado cerca de una pequeña laguna, puedes disfrutar del ajetreo de los patos, garzas y espátulas que engullen los últimos bocados del día. Comienzan los movimientos del Martinete australiano, pequeña garza nocturna que se mueve a gusto a partir del crepúsculo y los pajarillos, se dan los últimos baños de tierra en la rojiza pista aledaña. Y todo esto, a pocos kilómetros del último núcleo habitado.

De hecho, cualquier pista de tierra en la que he avanzado unos pocos cientos de metros han sido verdaderos filones para observar paseriformes (pajarillos pequeños). Desde el Crimson Finch, un pequeño pinzón de larga cola afilada y color carmín intenso, preciosa imagen comiendo semillas balanceándose en una espiga, hasta oropéndolas verdes con el pico rojo que emiten un sonido tan extraño que me costó asociarlo a un pájaro tan bonito.

En estos días he disfrutado de bocetar a lápiz, aquí les muestro algunos de los previos a las láminas definitivas. En este caso, esta Avefría ya la publiqué en una de las últimas entradas, pero puede resultar gráfico, observar el origen de los dibujos definitivos.



Una tarde tuve la suerte (o la desgracia, porque los mosquitos se dieron un banquete conmigo) de localizar un dormidero de Milanos silbadores. Llegó a haber siete milanos juntos en un árbol, y al rato, las cacatúas negras de cola roja llegaron con sus estruendosos cánticos y ocuparon un árbol cercano. Eran solo dos, pero aparentaban una multitud por la capacidad que tienen de armar revuelo.

Y... lo mejor de la tarde!!!!! Que hizo incluso que me olvidara de los mosquitos, los milanos y las cacatúas..... Tachánnnnnnn!!!!!!!!

Estaba tomando apuntes de los milanos con el telescopio y escuché un ruido en la maleza a unos treinta metros detrás de mí. Cogí los primáticos y antes de ponérmelos ante los ojos, descubrí una mirada curiosa y tranquila que me observaba entre las hierbas amarillentas: EL DINGO!!!!!!, esa especie entre el perro y el lobo que se calcula fue introducido desde Indonesia hace unos 4000 años. Un ejemplar de pelaje ocráceo perfectamente camuflado entre la hierba seca. Me miró unos segundos y con absoluta tranquilidad dio la vuelta y desapareció.

Un momento inolvidable que me transportó por unos instantes a la sabana africana, a la aparición de los grandes mamíferos entre acacias y espinos...

También he pasado largos ratos en pequeñas lagunas, que en esta zona hay muchísimas, observando y bocetando patos, algún Martín pescador y lo que se ha puesto delante.

Wandering Whistling-Duck en Marlow Lagoon.

Forest Kingfisher a partir de sketchs tomados en Marlow Lagoon.

A última hora de ayer, sábado, cuando volvía de visitar el Mary River National Park, me encontré con una desagradable sorpresa. El bicho más simpático y al que había podido observar en los alrededores de la casa varias veces, Tawny Frogmouth, había recibido un golpe, posiblemente de un coche y andaba desorientado por la pista de entrada. 

Al principio no me di cuenta y pensé que andaba tras una presa, pero cuando intenté avanzar y vi que no se apartaba decidí que debía echarle un vistazo. Se dejó coger con una ligera amenaza de su bocaza abierta. Inofensiva porque no tiene ni pico afilado que clavarte, ni fuerza en el pico para presionarte pero es su estrategia de defensa....


Lo cogí con cuidado y lo llevé a la casa. Como hoy domingo está cerrado el Centro de Recuperación lo mantenemos tranquilo en un transportín de perros que había por aquí y al menos ha pasado la noche seguro. Si como pienso, el mal proviene de un hecho humano, es justo que los humanos lo corrijamos. Ahora he aprovechado para hacerle bocetos e intentar plasmar ese increíble plumaje de camuflaje, repleto de manchas irregulares, líneas y puntos que buscan confundir a su propietario con la hojarasca, las ramas o cualquier rincón de la vegetación donde pasa los días disimulando y esperando que la noche le permita salir a la caza de los pequeños animalillos que componen su dieta.

Bueno, posiblemente en pocos días abandone este territorio, al menos temporalmente. Ya veremos qué nos depara en el futuro esta singladura australiana. Nos vemos en la próxima entrada. 

Mucha suerte.

Fran Torrents.

17 abr. 2012

Sueño con serpientes

Esta semana está siendo fantástica en cuanto a la fauna observada. Venía un poco embajonado porque a la primera serpiente que había visto, una estupenda Black Whipsnake (Demansia atra) de casi un metro de largo, la había atropellado sin remedio. La vi cuando estaba delante del coche y aunque intenté esquivarla, el desenlace fue fatídico para el reptil. Tristemente ocurre muy a menudo, en la carretera he podido ver milanos, loros y algún wallaby muertos a causa del tráfico...

Pero, a partir de ese momento he podido observar vivas dos serpientes diferentes. La primera, una  Children´s Python. Esta pequeña e inofensiva pitón fue capturada en la puerta de la casa donde vivo, mientras constreñía entre sus anillos a una rata. Armin, en cuya casa estoy habitando, la metió en una caja hasta que yo volviera y pudiera verla y cuando lo hice, ya había ingerido a la rata, tal como se aprecia en la foto. Es fantástica la capacidad que tienen de desencajar las mandíbulas para engullir a presas de un tamaño enorme en proporción a su diámetro. Así, pueden observarse sus escamas distendidas, totalmente separadas y unidas por la piel que las alberga, de un color rosáceo.

Ahora le esperan unos días de lenta digestión hasta que consiga hacer desaparecer de su estómago a la desafortunada rata.

La pequeña Children´s Phyton (Antaresia childreni) conociendo a la Alondra ricotí de mi camisa.
Obsérvese el bulto que hace la rata en el interior de la serpiente.

La pequeña pitón tras ser liberada.

Al día siguiente las sorpresas continuaron. A la vuelta del trabajo, Armin saca un pequeño saquito y nos descubre una maravillosa Green Tree-snake (Dendrelaphis punctulata), una serpiente trepadora que, en el territorio del norte posee un color entre amarillo y dorado muy bonito en el cuerpo y la cabeza azulada. Su nombre no es erróneo, ya que en otros estados de Australia adquiere coloraciones totalmente diferentes, siendo la más común la verde, de ahí el nombre. También se la puede ver azul y gris oscuro.

La maleducada Green Tree-snake enseñando la lengua.

Esta serpiente se encontraba en un espacio abierto sobre la puerta de una tienda por lo que de haber sido descubierta por otra persona, posiblemente habría sido abatida; en general cuando la gente ve una serpiente piensa en lo peor y trata de eliminarla. Como se puede ver en estos casos las tres especies son inofensivas y una pieza importantísima en la regulación de las poblaciones de pequeños mamíferos, reptiles y anfibios.

También es cierto que en Australia habitan algunas de las especies más peligrosas del mundo, así que mejor andar con precaución, por si acaso, y dejar para la gente preparada el atraparlas para, como en este caso, soltarlas en el bush y que sigan viviendo en su mundo de sigilos, acechos y largas digestiones.

Saludos
F. Torrents

11 abr. 2012

Coche rojo para un continente rojo

La estancia en Darwin está resultando muy interesante. En cuanto te habitúas a la humedad y el calor, comienzas a disfrutar de un entorno donde la naturaleza marca el ritmo sin complejos; en la estación húmeda algunas carreteras asfaltadas se inundan y debes circular con cuidado para no acabar en la marisma; muchas pistas quedan inutilizadas incluso para todo-terrenos y el paisaje se transforma como lo hace la orilla del mar cuando sube la marea.

Ahora ha comenzado la estación seca, que sigue siendo muy húmeda para lo que estoy acostumbrado y las carreteras son más seguras, pero todavía quedan restos de las inundaciones, como pude comprobar el otro día al recorrer una pista dentro de Litchfield. Pasé dos pequeñas corrientes de agua mientras me preguntaba cuándo tendría que darme la vuelta, hasta que llegué a un pequeño río donde dije basta, aquí sí que no me meto. Mientras me lo pensaba llegó un Toyota ocupado por una mujer y sus dos niños. Le pregunté y solamente me dijo: "Follow me, you´ll be fine". Y la verdad es que siguiendo su rodada dentro del agua salí del río sin problemas. Ya me veía entrevistando a los cocodrilos desde la ventanilla....

Desde que compré el coche, un Holden Nova, cacharrito semejante a un Toyota Starlet con muchos kilómetros en sus llantas, he podido moverme con facilidad y aprovechado para visitar algunos Parques Nacionales. El Lichtfield N. P. ha sido el más impresionante, con su combinación de bush seco e impenetrable y sus pozas alimentadas por cascadas que nacen en los lugares más insospechados. La pena fue que las pozas estaban cerradas por presencia de cocodrilos.

Probando el Red-Back en las pistas del Litchfield N. P.
Como era Domingo Santo me puse la camisa más religiosa que encontré :)

Y llegados a este punto, es preciso explicar un poco esto de los cocodrilos porque si no va a parecer que aquí se vive como en una película de Tarzán.

En el tercio norte de Australia cohabitan dos especies de cocodrilos, el de agua dulce o "freshie" de menor tamaño y carácter tímido y huidizo (por lo general) y el "saltie" o cocodrilo de estuario, cuya única timidez estriba en si te devora al pil pil o encebollado. Es un predador nato y para él las personas estamos en la lista de la compra. Para colmo, a esta especie, igual te la encuentras en las playas, a lo largo de la costa, en las marismas de los deltas de los ríos, en los propios ríos o en las charcas del interior. Esto se debe a que, en las épocas de inundación, las wetlands se inundan y los cocodrilos se esparcen hasta donde llega el agua. Cuando llega la estación seca, muchos de ellos se quedan aislados de la masa principal de agua. Por lo tanto, es muy difícil sentirse seguro en este territorio a menos que estés muy lejos del agua.

Una de las formas de saber si hay salties en una charca es precisamente la presencia de freshies, ya que este último también está en la lista de presas del cocodrilo de estuario y no se encuentran muy a gusto en su presencia. Aquí me dicen que con los freshies puedes bañarte sin problemas pero creo que voy a dejar la experiencia para gente más aventurera....

Como ven, aquí las posibilidades de darte un baño y no encontrarte un cocodrilo son complejas de calcular, aunque imagino que la gente del lugar, tendrá sus estrategias para evitarse un encuentro desagradable.

Para quien viene de fuera como yo, nunca sabes si estás tomando demasiadas precauciones o demasiado pocas. Para muestra un ejemplo. El otro día estaba recorriendo la costa norte de Darwin y después de atravesar una masa de vegetación bastante tupida accedí a una playa coronada por unos bajíos costeros.
Una sorpresa grata me esperaba, en los bajíos se esparcía un grupo de limícolas de diferentes especies y preparé el telescopio para dedicarme un rato de identificación.

Al poco rato había descubierto entre aquellos afanados insectívoros, al popular vuelvepiedras que también llega a este extremo recóndito del mundo, a un zarapito similar al Zarapito real europeo, el Eastern Curlew (Numenius madagascarensis), al Andarríos del Terek (Xenus cinereus), al Grey-tailed Tattler (Tringa brevipes), a un chorlitejo muy bonito (Charadrius mongolus) con un plumaje intermedio pero el pecho perfectamente marcado y el chorlito dorado del Pacífico (Pluvialis fulva), además de un andarríos bastardo y un archibebe claro que son bastante conocidos en Europa.

Me quedaron un par de especies sin identificar, pero todo iba bien hasta que el jolgorio de pajarillos que venía de la espesura cesó de golpe. En ese momento me di cuenta de que llevaba mucho rato en el mismo sitio, recordé las señales de aviso y me preocupé hasta el punto de decidir marcharme y volver otro día para seguir viendo limícolas y tal vez hacer algunos apuntes.

Seguro que a más de uno le parece un comentario exagerado, peliculero.. y a lo mejor lo es, pero cuando lees en las noticias como hice hace unos días, que la guía de una conocida empresa de excursiones había sido atacada por un cocodrilo y ves por todos lados las alusiones al peligro que existe, si eres prudente, es mejor retirarte a tiempo que convertirte en un kebab para cocodrilo.

No te fíes de su sonrisa, no quiere ser tu amigo.

Les muestro una foto del cráneo de un saltie de unos 4 metros. Pueden llegar a medir hasta 7 metros con bastante normalidad y ya de manera excepcional alcanzar los 10 metros. Definitivamente prefiero apuntarme al grupo de los cobardes.

Bueno, estoy preparando un itinerario para recorrer una buena parte de este país en coche y así poder disfrutar de sus rincones sin prisas..... Ya les contaré en la próxima entrada.

Mucha suerte

Fran Torrents

3 abr. 2012

WOOOWWWW…

En estos días en que intento adaptarme al clima radical del trópico australiano, húmedo y caluroso, he comenzado a descubrir la magnífica exuberancia natural que alberga el Northern Territory.



Cuando el avión abandonó las nubes para iniciar la maniobra de acercamiento al Aeropuerto de Darwin, un tupido delta cenagoso me sorprendió, toda vez que la mayor parte del viaje, había transcurrido a través de un inmenso desierto rojo en el que a ratos, se observaban restos de antiguos lagos donde es posible que antiguamente, la vida le diera una oportunidad más soportable a sus habitantes.



Que en ese desierto hay vida es un hecho, pero no deja de ser sorprendente que la evolución haya permitido a algunas especies, habitar la tierra más exigente, bajo las condiciones más extremas que pueda imaginarse.

Casi cuatro horas fueron necesarias para atravesar este continente que, desde que desaparecieron las manchas verdes del bosque de eucaliptos que rodea al área metropolitana de Perth, no había dado señales de vida.

Y de repente, manglares, lagunas y el mar de nuevo, en este caso el Mar de Timor. Si mi vista pudiese abarcar unos cientos de kilómetros hacia el norte, avistaría las primeras islas del Sur de Asia y tras ellas, toda una amalgama de países y culturas que tienta visitar.

Una de las primeras especies que pude observar y dibujar fue esta Avefría, Masked Lapwing (Vanellus tricolor), que "se portó muy bien" y posó hasta que pude realizar algunos apuntes a lápiz. Capturaba con una facilidad tremenda las lombrices que se escondían entre las raíces de la hierba.




Australian White Ibis en una laguna cerca de Perth.

Pero… ¿es por esto que titulé wooooowwww a esta entrada? Pudiera ser, porque el contraste entre el desierto rojo y el verde delta fue fantástico, pero lo que realmente me provocó esa exclamación fue una visión que tuve la suerte de disfrutar la otra noche.

Me encontraba en un barrio de la afueras de Darwin al atardecer. La luz de la tarde todavía confería al cielo ese brillo azul profundo que antecede a la noche total. Entre las casas, podía observar el cielo enmarcado entre las copas de los árboles. Todo normal, una tarde más, hasta que aparecieron.

Recortando el azul luminoso del atardecer, como una legión de espíritus que avanzaran sin necesidad de impulso, unas siluetas etéreas se desplazaban sobre los árboles, LOS ZORROS VOLADORES. Enormes murciélagos frugívoros de tamaño descomunal que comenzaban a ocupar el cielo casi sin mover las alas, flotantes como si los moviese alguna fuerza ancestral. No acababa de creérmelo, en el coche me esperaban para ir a cenar y yo no podía apartar la vista de aquel espectáculo. Poco a poco fueron acaparando el azul mientras la noche los iba absorbiendo.




Lo que más me impresionó fue su forma de moverse. Acostumbrado a los murciélagos de Canarias, de vuelo incansable, rápidos aleteos y constantes cambios de dirección, los zorros voladores avanzaban sin apenas moverse, con aislados impulsos que no parecían necesarios dada la inercia con que avanzaban.

Y su tamaño.

A simple vista parecían del tamaño de una garza grande, ¡enormes! y su silueta se recortaba fantasmagórica, con las patas extendidas hacia atrás y la cabeza erguida.

Posiblemente uno de los momentos más impactantes que he vivido en la naturaleza.